5 maneras de mejorar la persuasión a través del lenguaje

5 maneras de mejorar la persuasión a través del lenguaje

En los negocios, política, sociedad y entretenimiento, nos encontramos con personas que de forma consistente logran persuadir al auditorio; son los “grandes persuasores” y sus técnicas (a veces naturales, a veces aprendidas) han sido objeto de estudio y discusión.

Como líder, es importante no solo saber generar estrategias y ejecutar proyectos en un equipo, sino también contar con estrategias de comunicación que nos permitan persuadir a los equipos hacia un bien común.

Para mejorar las estrategias de liderazgo y comunicación, te dejamos algunos tips y puntos clave de la persuasión a través del lenguaje que puedes utilizar en el día a día en el trabajo.

1. Repetición y fijación

La repetición. Sea para una persona, un proyecto o cualquier tema, la repetición en el lenguaje y el dar una o dos palabras clave sencillas, puede ayudar a que pase lo que pase, siempre esa clave se recuerde.

Cuando se presenta una idea a partir de ciertas palabras clave sencillas, y se logra que esa idea quede establecida en la mente de las personas, no importa que los hechos y los argumentos intenten cambiar la forma de pensar. La fijación ya quedó plasmada.

Una manera es fijar un adjetivo a la idea, persona o proyecto, por ejemplo “el gran proyecto”, “Pepe el fuerte”, “la idea infalible”, esto repetido varias veces en un discurso o junta hace que eventualmente todo el mundo termine por estar de acuerdo con la fijación lingüística establecida. El adjetivo se convierte en sustantivo y es casi irreversible.

2. El tema superior

Cuando un proyecto resulta impopular o se comete un error, pero hay que mantener motivado o trabajando al equipo, es posible distraer de la mente de los demás la parte negativa a través del lenguaje, cuando se argumenta que el error fue a servicio de algo más importante o hasta intocable.

El efecto de hacer comparaciones entre lo “poco malo” en comparación con lo “más bueno”, minimiza un problema actual y lo refiere a algo superior, ambiguo e inatacable, restando efectividad a los detractores.

Por ejemplo, instaurar un programa “paperless” en la empresa, pero que esto genere cambios fuertes en la logística interna. Al trabajar un discurso acerca de lo más importante, lo “más bueno”, será más fácil que la resistencia al cambio baje, pues lo “poco malo” ya no importa tanto a largo plazo.

3. Los íconos poderosos

Simplificar. No siempre todo un equipo tiene tiempo o voluntad para entender temas complejos o extensos. Al trabajar y ejecutar no queremos perder tiempo argumentando y discutiendo cada una de sus características. Los grandes persuasores entienden la naturaleza de la mente humana y dirigen sus discursos a objetos, imágenes o íconos que representan o simbolizan aquello que la gente busca.

Piensa en las grandes marcas, sus logotipos son sencillos. Las apps también tomaron ese camino, todas las funcionalidades se explican e identifican con una sola imagen.

Así también, simplificar conceptos ayuda a que arraiguemos toda la información que se nos da sobre una idea, a un ícono sencillo, que nos ayuda a acomodarlo más fácilmente en nuestra mente.

4. La concesión imaginaria

Lo hemos visto suceder en temas más sencillos que el trabajo. Es similar a dar dos ideas terribles y una mala, así la mala parecerá la mejor. Tal vez esta persuación lingüística la hayamos aplicado en cosas sencillas como “¿Qué prefieres? ¿Cuidar tu salud hoy y salir al gimnasio, o pagar doctores por no cuidarte más adelante en tu vida?”

Si hay que proponer algo que sabemos que puede no gustar a la mayoría, podemos comenzar por proponer algo mucho más grande de lo que en realidad necesitamos. La palabra clave es “ceder” y siempre comenzar pidiendo más de lo que necesitamos.

Al proponer algo grande o exagerado y luego ceder un poco, el persuasor hace entender al equipo que ha cedido de su parte, y hace así más fácil a los demás que pongan de su parte para llegar a un acuerdo.

5. El enemigo versátil

Todo gran líder necesita un gran enemigo, no tiene que ser real o físico, pero sí una antítesis de las ideas que estamos proponiendo. Este enemigo versátil es un punto de unión para la necesidad imperiosa de cambio, combatirlo es un bien común.

Si el enemigo es suficientemente grande, cualquier trabajo para combatirlo es mínimo y necesario. Un “enemigo común” (ficticio y no negativo) es una estrategia de unión que puede funcionar bien para trabajar fuerte y unidos en un equipo o proyecto.

Los ejercicios y maneras de persuasión aquí puestas, funcionarán siempre y cuando se utilicen para un bien común, no en forma negativa.

Como líder, para comunicar correcta y exitosamente tus ideas hay que hacerlo siempre para el bien común. Las capacidades de argumentar y persuadir van de la mano, y se fortalecen cuando se basan en el persuasor más poderoso de todos: la verdad.

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